Autor: Paul Robere
“Era una noche oscura y tormentosa,…” que es como empiezan la mayoría de las historias de terror. Pero ésta era una historia de terror que tendría un impacto a largo plazo y afectaría a miles de personas.
Una noche ya tarde estaba sentado en mi oficina en la bella zona baja de Bangkok, Tailandia. Era uno de los directivos senior de una compañía de periféricos para ordenadores en Bangkok. Normalmente me quedaba hasta tarde para ponerme al día de algún trabajo atrasado y asegurar que todo estaba listo para el día siguiente. Para poner las cosas en perspectiva. Yo había trabajado en la industria de ordenadores casi 30 años en las áreas de diseño y fabricación. Creo pues que tenía una idea fundada de cómo funciona la fabricación y lo que cuesta sacar un buen producto.
Para ser honesto, la compañía para la que estaba trabajando (cuyo nombre omito como protección legal), era conocida por desarrollar uno de los productos de mayor calidad en la industria. De hecho uno de sus mejores argumentos de venta era el altísimo valor que alcanzaba la medición del “tiempo medio entre fallos” (MTBF). Así que, teníamos un buen producto y estábamos orgullosos de lo que habíamos logrado. La compañía había empezado un programa de mejora de la calidad que había sido enseñado por un seguidor de los principios de Deming. Entre todos habíamos buscado maneras de reducir desperdicios, mejorando procesos, trabajando con nuestros proveedores y logrando la implicación de toda la fuerza laboral de forma muy proactiva. La compañía había estado operando en Tailandia cerca de tres años y yo creía que su futuro sería brillante. Desafortunadamente las lecciones que habíamos aprendido en fábrica no habían llegado a la corporación en Estados Unidos.
El teléfono sonó. Hay que entender que mientras en Bangkok eran las 10 de la noche, en la sede central en Carolina del Sur eran las 8 de la mañana. Tenía curiosidad en saber quien podía estar llamando a estar hora de la noche así que contesté: “¿Hola?”. Para mi sorpresa el Presidente de la Compañía estaba al teléfono “Ho, que bien que haya cogido el teléfono, no pensaba que estaría trabajando tan tarde”. Como que quería impresionar al gran jefe contesté, “ningún problema. Sólo estoy acabando algún trabajo antes de irme a casa. ¿En qué puedo ayudarlo?” (Incluso a las 10 de la noche quiero parecer entusiasta y colaborador). Dijo, “Llamo para decirle que hemos incorporado a un nuevo miembro en nuestro equipo corporativo. Es nuestro nuevo Vicepresidente Financiero. Se une a nosotros y tiene muy buenas ideas sobre cómo reducir nuestros gastos, incrementar nuestros ingresos y hacer mucho más competitiva la compañía. Estoy seguro que disfrutarás trabajando con él”. Bien, estoy impresionado. Al final tenemos a alguien en la corporación que sabe como hacer malabarismos con los números y esto parece como si las cosas fueran a ir mejor de cara al futuro. “¡Esto es fantástico! Estoy ansioso de trabajar con él. Dígame, ¿Qué experiencia tiene?” Hubo una pausa en la conferencia. Finalmente llegó la respuesta, “Ho, viene con muchas credenciales. Tiene un MBA de (omito el nombre)”. “Esto está muy bien”, dije, “Pero dígame, qué experiencia tiene?”. Otra vez una larga pausa que no creo sea debida a la larga distancia de la línea telefónica. “¡Creo que no me entiende, viene muy recomendado y con una gran cantidad de ideas para reducir costes!”. Empiezo a tener la sensación de que el presidente empieza a sentirse incómodo. “Bien, de acuerdo, póngame con él y hablamos!”.
Al otro lado de la línea oí una voz bastante joven. “Bien Paul, me alegro de conocerle. He oído hablar mucho de Vd.” (Creo que está tratando de hacerme sentir bien) “Tengo muchas ideas sobre cómo reducir nuestros costes y con su experiencia estoy seguro que me puedo apoyar en Vd. para que nos ayude a conseguirlo. Veo que Vd. ha dedicado mucho tiempo en calidad y la formación, lo cual es bueno. Pero ahora quiero intentar reducir parte de esta formación de forma que podamos dedicar nuestros esfuerzos en otras áreas. Una de las primeras cosas que necesito es su ayuda en relación con los proveedores. Como sabe tenemos muchos proveedores en Bangkok y todos son competitivos. Quiero que vayas y selecciones a los que oferten al menor precio, de forma que podamos aumentar nuestro margen de beneficio”.
Tal como decía al comienzo, “Era una noche oscura y tormentosa,…”. Mi mamá no había criado a ningún tonto, y yo había dedicado mucho tiempo intentando aprender lo máximo posible las enseñanzas de Deming. Sin lugar a duda la idea de “no seleccionar proveedores basándose sólo en el precio” tenía para mi mucho sentido. Habiendo estado en todas las áreas del negocio de fabricación sabía bien cuantos problemas habíamos tenido con nuestros proveedores. Sabía que constantemente teníamos que inspeccionar el 100% de las piezas porque teníamos problemas con los proveedores. Decidí confirmar que había entendido correctamente la petición de nuestro flamante nuevo MBA Vicepresidente.
“Déjeme asegurar que lo he entendido bien. Quiere que seleccione para nuestra fabricación a los proveedores que ofrezcan el precio más bajo. ¿Es correcto?” Al final las temidas palabras salieron del auricular, “Sí, ha cogido la idea. Ahora estoy seguro de que nos ayudará a conseguir nuestros objetivos de reducción de costes”.
“Sólo quiero asegurar que Vd. entiende la diferencia entre “precio” y “coste” ¡Esta diferencia también se la han enseñado en su MBA ¿Es así?! (Realmente no dije esto pero me hubiera gustado decírselo” “por supuesto”, dijo. Así pues le dije que le volvería a llamar y le diría qué podría hacer para ayudar.
Hice lo que cualquier persona inteligente, trabajadora y orientada a la producción haría. Salí, me tomé un par de cervezas y volví a la oficina. Ya era medianoche en Bangkok y las 10 de la mañana en Carolina del Sur. Llamé a la sede central a la oficina del Presidente. Seguro que nuestro nuevo MBA Vicepresidente Financiero estaba en la oficina haciendo gráficos sobre la futura evolución de nuestra compañía. Llamé. “Bien, quería volver a hablar con Vd. para hacerle saber cuanto aprecio sus nuevas ideas, y cómo su experiencia va a ayudar a que nuestra compañía alcance un futuro financiero más brillante. Y por supuesto por mi parte voy a ayudarle a reducir sus costes.” Casi puedo apreciar en su voz la excitación cuando dijo, “¡Fantástico! Me encanta escuchar sus ideas”. Quería hacerle saber que era sincero, por lo que le dije, “Pensé que le gustaría, así que vaya y mire su fax”. Hubo unos momentos de silencio mientras iba a la máquina de fax. Pude escuchar el papel del fax cortándose de la máquina mientras llamaba a nuestro Presidente. Se escuchaban discusiones que iban elevando el tono y finalmente el Presidente cogió el teléfono. “¿Qué es esto?” Dijo. “Creo que es bastante sencillo. Es mi dimisión” Había cierta confusión en su voz mientras decía, “¡pero no puede hacer esto, lo necesitamos para poner en marcha todos estos cambios!”. Quise asegurarme que no había malos entendidos, así que dije, “Lo entiendo, pero creo que ha llegado el momento de que considere otras opciones. Mañana dejaré las cosas a mi equipo y mi dimisión será efectiva a final de semana”. Y colgué el teléfono.
En los días que siguieron hubo muchos debates sobre mi salida de la compañía y sus causas. Pero la razón fundamental es que yo vaticinaba un fracaso para la empresa, uno no puede empezar a seleccionar proveedores sólo sobre la base al precio más bajo porque el coste de aceptar componentes de baja calidad, intentando inspeccionarlos, tratando de retrabajarlos y parando la producción por falta de componentes correctos acaba superando el valor de un precio más alto pagado a un buen proveedor. Sabía de antemano que la compañía iba a tener problemas muy serios.
TRANCURRIDOS MÁS DE TRES AÑOS…
Había dejado la compañía y creado mi propia empresa de formación y consultoría. Estaba contento de mi trabajo ya que tenía la oportunidad de ayudar a otras empresas a no cometer los mismos errores que mi anterior compañía. Un día recibí una llamada telefónica de uno de mis antiguos empleados. “No te los vas a creer, pero la compañía está en bancarrota y subastan todos sus activos la semana que viene. Si quieres venir y pujar por alguno de los viejos equipos creo que lo encontrarás interesante.” Fui y compré algunas cosas para los empleados de. Lo interesante del caso es que compré por unos pocos dólares cosas por la que había gastado cientos de dólares cuando trabajaba para mi vieja empresa. Pero ésta ya no existía.
¿Por qué? La respuesta es sencilla. El flamante MBA Vicepresidente hizo su trabajo. Fueron a por precios bajos y seleccionaron proveedores sólo en base al menor precio. Como consecuencia los costes de inspección subieron, también subieron los costes de reparación, de chatarra y desperdicios, la producción sufrió atrasos y la productividad bajó hasta niveles tales que la compañía no pudo asumir los costes. La diferencia entre precio y coste puede ser muy importante. Pero un título en estupidez puede ser todavía peor cuando las personas no pueden darse cuenta del coste escondido en las no conformidades…finalmente su decisión afectará a los empleados, a los clientes, a los propietarios y a todas las partes interesadas de la compañía.
¿Solución? NUNCA selecciones proveedores sólo sobre la base del precio o tendrás “…una noche oscura y tormentosa,…”
