Jordi Cabré
Más allá de su reconocido éxito en Japón después de la II Guerra Mundial, de su impacto en la década de los ochenta y del éxito de las empresas que hoy siguen sus ideas, su comprensión de la realidad organizativa y empresarial supera con mucho todos los movimientos actualmente vigentes.
Frente a una gestión directiva basada en números, objetivos y resultados, Deming nos propone una nueva forma de gestión directiva basada en el Conocimiento. Para entender la realidad en un entorno empresarial y organizacional se requiere un cambio de nuestro modelo mental. La realidad es demasiado compleja para ser entendida sólo con números. Curiosa conclusión procedente de un prestigioso matemático y estadístico.
Para lograr nuestros propósitos tenemos que ampliar nuestra perspectiva. Si limitamos la realidad a aquello que queremos conseguir, si nos centramos en ello y lo manipulamos, casi seguro fallaremos. Nuestra necesidad intrínseca de obtener satisfacción por nuestros esfuerzos nos lleva a decisiones que pueden conducirnos a grandes desastres. Peor aún, si nos conducen a la falsa sensación de éxito temporal, es muy probable que nuestra mente se niegue a entender que los desastrosos efectos posteriores proceden de las malas decisiones anteriores.
Los resultados que queremos, al igual que los objetivos, sólo son deseos. Querer gestionarlos sin una teoría o un conocimiento más profundo de la realidad nos llevará a caer en una trampa habitual de nuestra mente.
La propuesta de Deming es tan revolucionaria como eficaz. Una empresa para sobrevivir y tener éxito necesita mejorar continuadamente, esto significa dar cada vez más y más valor útil con mayor eficiencia. Esta mejora debe estar orientada al consumidor y a la sociedad. Esto es calidad y eficiencia. Calidad es crear valor con el mínimo esfuerzo y recursos; significa dar cada vez mejores productos y servicios por menos.
Esto sólo es posible si continuadamente se crea conocimiento en la propia organización. Un conocimiento que va más allá de los números y los datos. Un conocimiento que requiere utilizar unas perspectivas poco comunes pero necesarias: sus cuatro dimensiones. En la Nueva Economía sin estas perspectivas se está condenado al fracaso, al corto plazo y a éxitos tan efímeros como potentes los desastres que vienen a continuación.
Mi conclusión es: Sólo es posible que hoy hagamos las cosas mejor que ayer si hoy conocemos algo nuevo que ayer no conocíamos.
En su argumentación Deming une éxito con ética, valor útil para el cliente con beneficio social, colaboración con eficiencia, resultados empresariales con un entorno de trabajo creativo, empleados orgullosos por su trabajo con innovación, calidad con resultados y muchos más.
Me resulta difícil entender que sus enseñanzas no sean ampliamente conocidas por directivos, dirigentes y profesores. Tal vez también tenía razón cuando pronosticó que sus enseñanzas tardarían décadas en ser utilizadas de forma general.
Pero hasta que llegue el momento seamos cautos con quienes utilizan su nombre para vender modelos y paquetes de herramientas con finalidades distintas, pues no hay nada más peligroso que una herramienta en manos de quien desconoce para qué fue creada.