Autor: Rafael Aguayo
¡¿Qué dice Usted?! Los objetivos son necesarios. Necesito objetivos. Los objetivos dan dirección. Management básicamente es la consecución de objetivos. Todos los gurús del Management, o al menos muchos de ellos, demandan el establecimiento de objetivos.
Sí, y casi todos ellos están equivocados. Aquí está un ejemplo de la estupidez y la inutilidad de los objetivos. Perdón por ser tan directo, pero el tiempo de la cortesía y los eufemismos ha terminado. Nuestro país se encamina hacia un precipicio.
El fracaso garantizado del Programa “Que Ningún Niño se Quede Atrás”
- Recientemente (marzo 2011), Arne Duncan, Secretario de Educación en el gobierno de Obama, anunció que espera que el 80% de las escuelas del país logren ser evaluadas dentro de la Ley del Gobierno Federal “Que Ningún Niño Se Quede Atrás”, un intento bien intencionado de mejorar la educación en los EEUU condenado al fracaso. El propósito es noble: mejorar la educación en los EEUU. El programa se inició a principios de la década pasada como la principal iniciativa educativa de la administración Bush. Al inicio quizás el 25% de todas las escuelas del país tendría el 100% de sus estudiantes evaluados con un nivel de lectura competente. La reacción instintiva, por supuesto, era conseguir que el 100% de nuestras escuelas lograra el dominio de la lectura para el 100% de sus estudiantes ¿Qué menos? Y por supuesto, esto se determinará mediante la adopción de exámenes estandarizados propuestos por cada Estado.
¿Y cómo lo conseguirán nuestras escuelas? Es bastante fácil establecer un objetivo. Nadie creía que el objetivo pudiera ser alcanzado de la noche a la mañana, así que la idea era elevarlo gradualmente dando a las escuelas y los sistemas escolares la oportunidad de alcanzarlo gradualmente hasta llegar al 100%. Suena muy bien y muchas personas compraron la idea. El truco es tan fácil como hacerlo poco a poco y nada más. Con un pequeño aumento anual en la meta, cada escuela podría mejorar año a año un poco y llegar al objetivo. Suena muy bien, pero es una tontería absoluta. Establecer un objetivo a lograr por personas sin crear una forma de cómo lograrlo no sólo es inútil, además es peligroso.
Si cada escuela hubiera podido lograr el objetivo del 100 % de lectura competente, con la forma de enseñanza actual, ya lo habrían hecho. ¿Cuál es el plan para que esto suceda? El plan es la gestión por objetivos, recompensas y castigos. Aquellas escuelas que no cumplan con el objetivo anual, que aumentaría cada año, serán clasificadas como fracasadas. En cambio las escuelas que alcancen el objetivo serán reconocidas y, por supuesto, sus directores y maestros serían valorados y, probablemente, tendrán una carrera más lucrativa en el mundo de la Educación.
Supongamos que lanzamos un dado equilibrado y premiamos a aquellas personas que sacan un 5 ó un 6. Eso sería un juego divertido, pero supongamos que hacemos obligatorio para todo el mundo sacar un 5 o más castigando gravemente a quienes no lo alcanzan y recompensamos a quienes lo logran. Eso no sería más ridículo ni más destructivo que lo que estamos haciendo hoy en la Educación. La única diferencia es que en el caso del dado sabemos desde el principio que el juego es inútil, ridículo y debido al azar. En el caso de la Ley Federal “Que Ningún Niño Se Quede Atrás”, incluso personas inteligentes quedan atrapadas en la farsa.
Formas garantizadas para alcanzar los Objetivos
Hay una manera de que las escuelas pueden evitar recibir una mala calificación y alcanzar el objetivo propuesto. El Estado puede cambiar la definición de competencia, cambiando las pruebas que la miden. Y esto sucede. Un niño de seis años brillante podría decir que cambiar la prueba no cambia la realidad subyacente, pero al parecer nuestros políticos, líderes y muchas personas no pueden decirlo. Mientras, la farsa del programa “Que Ningún Niño Se Quede Atrás” y otros programas del gobierno continúa. No sólo fallan continuamente en educar correctamente a nuestros hijos, sino que además así distraen de su verdadero trabajo de enseñar y educar a maestros y administradores escolares.
Para cumplir con los objetivos fijados por el programa federal “Que Ningún Niño Se Quede Atrás” maestros y administradores pueden recurrir a varios trucos.
- Enseñar solo para pasar la prueba
- Enseñar haciendo pruebas similares
- Sacarse de encima a los estudiantes con peores resultados transfiriéndolos a otros lugares
- Dar las respuestas a los estudiantes
- Falsear los resultados con trucos
Estas cosas ocurren con regularidad. No culpen ni a los maestros ni a los administradores, no hacen otra cosa que el trabajo que se les pide según las directrices establecidas por el Congreso y el Presidente. Mientras tanto, los maestros no pueden dedicar tiempo a comprender a sus estudiantes y preparar mejor las clases. Mientras tanto no se hace un trabajo serio para comprender los problemas de nuestro sistema educativo actual, ni se está trabajando para mejorarlo. No hay diálogo, ni investigación ni ideas dentro del programa federal “Que Ningún Niño Se Quede Atrás” que pueda llevar a una mejora.
Los objetivos no sólo no funcionan sino que distorsionan los esfuerzos de los involucrados y terminan haciendo las cosas mucho peor.
¿Cuál es otra palabra para objetivos? ¿Qué tal os parece deseos? Brilla, brilla estrellita, pide un deseo, invoca algunas palabras mágicas. Nada de esto funciona y sólo empeorará las cosas.
¿Sirven los objetivos para algo? Sí. Los objetivos que uno se pone a si mismo, por ejemplo, pueden servir de dirección a una persona. Si uno los revisa con regularidad pueden mantenerse al tanto de su objetivo y ayuda a que la acción sea consecuente con el objetivo. Pero cualquiera que haya usado objetivos personales sabe que, incluso en este nivel, fallan con regularidad. Las buenas intenciones de Año Nuevo, hechas con las mejores intenciones, se han olvidado antes de finales de enero.
Las personas contratan entrenadores personales y sociales, psiquiatras, psicólogos y otros para ayudarles a cumplir sus objetivos personales y a pesar de ello fallan. Los cambios a nivel personal puede comportar el examen de sus sistemas de creencias, de sus hábitos y lo que es realmente importante para cada uno. Es probable que implique hacer cambios en tu vida que no parecen estar relacionado con el objetivo real. Si deseas ponerte en forma es posible inscribirse en un gimnasio o club de bicicleta, hacer un trabajo para cambiar tus hábitos de sueño, deshacerse del televisor o tomar otras medidas importantes. Para ello se necesita obtener conocimiento desde el exterior para comprenderse a uno mismo más profundamente y hacer algunos cambios sustanciales. A pesar de estos cambios no se puede estar seguro de alcanzar la meta.
Objetivos en tu vida
La manera más eficaz que he encontrado para hacer frente a los objetivos personales es el método “Smart Outcome Method” que aprendí en la formación de PNL “Programación Neurolingüística”, basado en la teoría constructivista del conocimiento. Los resultados son algo diferente de los objetivos. Por ejemplo, tu objetivo podría ser perder 10 Kg., si te quedas sólo con eso, realmente sólo es un deseo. Hay que hacer algo más.
Los resultados “Smart” (Inteligentes) deben cumplir cinco criterios.
- Deben estar bajo tu control
- Se deben expresar en positivo
- Deben ser contextualizados
- Deben ser medibles, de forma que uno pueda ver si se cumple el resultado
- Deben ser ecológicos (en el sentido de ser coherentes con uno mismo).
Vamos a ver cómo funcionaría para el deseo de perder 10 Kg.
Deben estar bajo tu control: Es evidente que no está bajo tu control. Pero lo que sí está bajo su control son ciertas acciones que pueden llevarte a perder peso. Podrías comenzar a vivir una vida más sana, pero esto todavía es demasiado general. Más en concreto pueden ser “Voy a cambiar mi desayuno actual alto en hidratos de carbono por otro con un poco de proteína y frutas.” Puedes pretender cambiar todas las comidas, poco a poco y también podrías optar por aumentar tus niveles de ejercicio y caminar, trotar, correr o hacer yoga tres veces a la semana. Todas estas cosas sí están bajo tu control, al menos en teoría.
Se deben expresar en positivo: En lugar de decir no voy a comer mi actual desayuno rico en carbohidratos, lo que indica la consecuencia negativa, voy a expresarlo positivamente como que voy comer una delicioso desayuno alto en proteinas y frutas y bajo en carbohidratos, o cualquier otra cosa que se considere un cambio para mejor.
El punto 3 indica que el resultado debe ser contextualizado. En este caso se trata de tu vida personal y es evidente que el contexto es, tu salud personal y el peso. Muchos resultados deseados pueden ser diferentes para el trabajo, con amigos o familiares. Hay que tener muy claro cual es el contexto que se aborda.
El punto 4 indica que debe ser medible. ¿Cómo puedes saber si están teniendo éxito o no? Tal vez mantener una tarjeta donde marques cada vez que comes el desayuno adecuado sería una medición adecuada. Así puedes ver fácilmente si estás teniendo éxito o no.
El punto 5, sin embargo, es el problemático. El resultado inteligente debe ser ecológico. Debe ser congruente con uno mismo. Debe ser bueno para ti. Quien determina lo que es bueno para ti no es, ni tu mente consciente ni tu mente llamada “racional”. Se trata de una o varias partes de ti de las que ni siquiera puedes ser consciente. A menudo nos referimos a una o varias de estas partes como el subconsciente. Al contrario de muchas escuelas de pensamiento académico tales como la economía, los humanos no son figuras de palo con una cabeza pequeña que podemos tomar decisiones basadas en un criterio único, como el precio. No somos racionales en ese sentido simple, pero hay una gran sabiduría en la forma aparentemente irracional en que vivimos nuestras vidas. Los biólogos podrían decir que nuestras mentes y cuerpos se han desarrollado de manera que han hecho posible nuestra supervivencia, incluso de forma óptima.
Si una parte de ti no está de acuerdo con el resultado inteligente, por no hablar de tu objetivo, no serás capaz de lograrlo. Pero ese no es el final de la historia. Hay que investigar cuál es la objeción. Podría ser que tengas una fuerte identidad cultural, familiar o personal con tu desayuno anterior, o que no acaba de gustarle la proteína que tenías en mente para tu nuevo desayuno. Ahora tienes que cavar más profundo y comprenderte mejor a ti mismo. Ah, caramba, éste es el trabajo. Vaya concepto, es necesario conocerse mejor uno mismo para cambiarse a sí mismo. Conócete a ti mismo es una máxima tan antigua como la que más, se remonta por lo menos a las tradiciones espirituales de los templos de Delfos en la antigua Grecia. Mi sospecha es que tiene raíces aún más antiguas.
Cambio y mejora son algo más que fijar un objetivo. Se requiere reflexión y conocimiento. Si tu resultado es inteligentemente ecológico, es que estás en el buen camino. Yo utilizo personalmente objetivos y resultados inteligentes para mí mismo. Uno de mis objetivos es bajar mi peso hasta 90 Kg. durante la temporada de ciclismo, que comienza en la primavera y se extiende hasta el otoño. Pero tengo un plan para lograrlo que incluye un cambio en mis hábitos de comida y paseos de ciclismo con mi club. Los últimos años lo he conseguido, pero cuando no lo lograba era bastante duro conmigo mismo. Y cuando conseguía mi peso ideal, mi mente buscaba un nuevo objetivo en 85 Kg.
Para mí, personalmente los objetivos pueden ser útiles cuando se manejan de manera inteligente con resultados igualmente inteligentes y no se pierde la perspectiva. Pero también sé por experiencia que los objetivos pueden ser como la gasolina, altamente volátiles y explosivos.
Vamos a ampliar esta conversación a las empresas y organizaciones. ¿Cómo se aplica más allá de lo personal? Después de todo, es fácil criticar y criticar algo, pero es mucho más difícil dar una idea de cómo hacerlo correctamente.
En el próximo artículo veremos los objetivos y metas en los negocios y las organizaciones y cómo pueden utilizarse mejor así como qué prácticas deben evitarse a toda costa.