La única economía posible: la creación de valor socialmente útil

Autor: Jordi Cabré

Podemos preguntarnos la causa por la que algunas empresas tienen éxito y otras no, o por qué algunas tienen un éxito efímero que acaba abruptamente y otras lo mantienen a lo largo del tiempo.

La razón es sencilla pero difícil de creer. Se nos ha enseñado a ver las empresas a través de sus resultados medibles, del balance y de la cuenta de resultados, lo que realmente nos dice muy poco de su utilidad real y de su futuro.

Como ejemplo de empresa, veamos la banca y el sistema financiero en su conjunto: ¿Cuál se supone que es su aportación útil a la sociedad? Su función es gestionar el dinero intermediando entre quienes ahorran o invierten y quienes buscan financiación. Esta actividad, supone un valor añadido útil para el conjunto de la sociedad, aporta una solución a quienes desean prestar su dinero y a quienes buscan financiación, con una actividad respetable para los empleados, sus directivos y la empresa-banco. Todo ello forma parte de un equilibrio en la que todos obtienen una contrapartida.

Como gestor el banco debe analizar los riesgos con objeto de hacer un buen uso del dinero que se le ha confiado, dando un servicio honesto a quienes buscan financiación. Debe buscar lo mejor para todos sin pretender optimizar a ninguna de las partes por encima de los otros. El dinero de los impositores se presta a quienes en contrapartida y con el mínimo riesgo van a compensar con un interés que supera al de los impositores en un mínimo para compensar la gestión del propio banco.

¿Qué ha pasado en los últimos años? Muchos bancos (y cajas de ahorro) han optimizado los beneficios pensando en el corto plazo. Para conseguirlo han asumido riesgos en perjuicio de sus impositores. Han dejado de financiar a empresas y particulares en unas condiciones “razonables” para hacer fluir el dinero hacia productos especulativos de alta y rápida rentabilidad. Sus clientes habituales en busca de financiación para invertir en sus empresas han visto como este dinero ya no fluía hacia ellos. La especulación inmobiliaria y los “productos” financieros de alto riesgo suponían un beneficio mayor, más rápido y ello garantizaba temporalmente unos altos beneficios. ¿Dónde está aquí el valor añadido?

Aún más, en algunos casos gestores políticos no profesionales han canalizado el dinero a proyectos para “amigos” en un juego de clientelismo político oportunista, a veces legal, pero siempre escaso de profesionalidad y de sentido ético. A través del dinero de sus depositarios han mal intervenido en empresas participadas nombrando directivos a dedo, no por sus cualidades, sino en función de intereses políticos y equilibrios tácticos.

Si para aumentar sus beneficios necesitaban más dinero, los buscaban en otras entidades financieras, con idéntico interés especulativo, al margen de sus impositores habituales.

Es evidente que estas empresas-bancos han jugado fuera del ámbito en el que daban valor socialmente útil. Aquel para el que inicialmente nacieron como respuesta a una necesidad social. ¿Acaso la especulación supone un valor social? Cierto ministro de economía llegó a decir que sí. Así vamos.

¿Acaso la gestión bancaria de los últimos años aporta, con excepciones, valor socialmente útil? ¿Contribuye a la economía de la empresa y de las familias? La respuesta evidentemente es que no. Se ha perdido el equilibrio entre los diferentes actores a favor del beneficio rápido para unos y del control político para otros.

Una empresa puede mejorar sus beneficios en el corto plazo, pero si no aporta valor añadido socialmente útil, genera un desequilibrio en el sistema que más pronto o más tarde repercutirá negativamente contra la propia empresa.

Sólo las empresas que aporten valor socialmente útil sobrevivirán en el largo plazo. Las otras siempre supondrán un espejismo y desaparecerán.

En cierto sentido los malos tiempos son una parte necesaria y útil del ciclo de los negocios. En la misma medida en que son dolorosos, hacen una sociedad más fuerte, eliminan a las empresas menos rentables, aquellas que no pueden ofrecer valor, que no saben encontrar la forma de adaptarse o de seguir mejorando. Esta limpieza y depuración abre el camino para el próximo ciclo de crecimiento y desarrollo.

Salvarlas artificialmente, es una invitación a la ineficiencia, una penalización a las que lo hacen bien y es antisocial.

El rescate solicitado por España a la UE va en detrimento de la economía española y no tiene otro propósito que intentar mantener el control por aquellos que tan mal lo han ejercido en los últimos años. Dentro y fuera de España. En el fondo, un ejercicio de apoyo a la banca alemana que prestó sin valorar los riesgos, un ejercicio de apoyo a políticos ineptos e ineficientes a costa de personas y empresas competentes.